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sábado, 25 de enero de 2020

Un caballero en Moscú



Comienza la novela con un acta fechada el 21 de junio de 1922 en Moscú, que corresponde a la “Comparecencia del conde Aleksandr Ilich Rostov ante el comité de emergencia del comisariado político de asuntos internos”. Para mayor verosimilitud el documento aparece con una tipografía distinta a la del resto del libro. Se condena al conde Rostov a una pena de confinamiento en el hotel Metropol, donde ha vivido los últimos años.
Asegura el escrito que merecería una condena a muerte porque “ha sucumbido a las corrupciones de su clase”. Pero tiene defensores entre los estamentos superiores del partido que lo consideran uno de los héroes de la causa prerrevolucionaria por un poema que escribió en 1913. El azar lo ha salvado, porque ya veremos lo que el propio Rostov nos dice sobre ese poema.
“Pero no se confunda: si vuelve a poner un pie fuera del Metropol, será ejecutado. Siguiente caso.” Así finaliza la nota y así comienza la historia de los 32 años que el conde Rostov pasó en este edificio singular. Supone un arranque muy sugerente.
Condenado a la reclusión él mismo se compara con Edmundo Dantes, Cervantes o Napoleón. Es como Robinson Crusoe, se crea un mundo. “Tras renunciar a los sueños de un rescate rápido, los robinsones del mundo real buscan cobijo y una fuente de agua potable, aprenden a hacer fuego con pedernal, estudian la topografía de la isla, su clima, su flora y su fauna y, mientras tanto, vigilan el horizonte por si ven aparecer velas en él y buscan huellas en la arena.” Ese será su propósito en el hotel: adaptarse a las nuevas circunstancias, y lo hace sin perder su refinada formación, su perspicacia, su inteligencia, su ternura, su conocimiento del alma humana.
Lo obligan a abandonar la suite de la que venía disfrutando para enviarlo a una minúscula habitación abuhardillada unos pisos más arriba. Solo podía escoger unos cuantos de sus objetos personales, los que cupieran en su  nueva morada. Las descripciones de estos enseres nos hacen participar de la exquisitez de los diseños y la finura de los materiales. Renuncia a todos sus libros, conserva solo uno: los Ensayos de Montaigne.
Su nueva vida se hace de gestos pausados, no conoce tensión ni agobio. Él ha sabido conservar parte de su poder económico. Almuerza y cena sofisticados platos en los elegantes restaurantes del hotel, vedado para tantos compatriotas. Durante una de estas comidas conoce a Nina, hija de un burócrata ucraniano viudo, que de momento también vive en el Metropol. Con ella se convertirá en un niño que descubre hasta los rincones más apartados del gran establecimiento. Esto produce una sensación placentera comparable a las que generan nuestras  incursiones en viejos álbumes de fotos: la aventura de lo cotidiano
Nina tiene un tesoro, ha conseguido una llave maestra que les lleva a cualquier recoveco. Nina y Rostov descubren la lujosa vajilla de Sèvres, que contuvo los manjares de la vieja aristocracia y que va a acoger las delicias que consuma la nueva élite bolchevique. Observan agazapados el salón de los exclusivos bailes de ayer que hoy se llena de reuniones políticas, pero sin que las actitudes personales ni las estrategias de los participantes hayan cambiado.
            El libro se llena de amigables historias que seducen nuestra curiosidad y nuestra fantasía. Hay amor y humor, grandes amistades, y no falta la intriga, ni tampoco el esperpento. ¿No es irrisoria la medida populista de despegar las etiquetas de las botellas de vino para  arrancarles su identidad? ¿Qué mejor metáfora podría encontrar el autor para dibujar lo que tantos han criticado del poder uniformizador soviético? Towles juega con la ficción y la historia.
            Y llega Sofía: con pocos años y escasos kilos. ¿Cómo algo tan pequeño puede adquirir tan grandes dimensiones cuando entra en la asentada vida  del conde, que ya lleva 16 años en el Metropol?
Sofia va a colmar la vida de este hombre. La niña crece junto a Rostov en el Metropol y se convertirá en una gran pianista.
Él debe planear algo para ella.
¡Cómo puede haber tanta vida, tantas historias, en un alojamiento del que solo salimos en dos breves ocasiones! ¿Y de dónde ha podido sacarlas Amor Towles? En una entrevista aseguraba que en sucesivas estancias en un hotel suizo se familiarizó con muchas de las caras que deambulaban por el hall año tras año. A partir de ahí surgió su novela.
Amor Towles me ha  me ha hechizado con su texto conduciéndome por un mundo de realidad y de ficción, lleno de atractivo y emoción.
           

domingo, 19 de enero de 2020

La playa de los ahogados



El mundo de Leo Caldas empieza a resultarnos familiar después de las tres novelas que Domingo Villar ha escrito con este policía como protagonista. La playa de los ahogados  es la segunda del autor vigués.  
Una mañana de otoño un cadáver aparece en una playa de Panxón, a pocos kilómetros de Vigo. Se trata de un vecino del pueblo;  todos piensan en un suicidio, el Rubio se mostraba muy taciturno en los últimos tiempos. Pero Caldas duda, llevaba las manos atadas y el lugar en el que aparece el nudo hace pensar en un asesinato, él solo no hubiera podido hacer esa atadura.  Caldas empatiza con la hermana del muerto y confía en sus declaraciones, le asegura que su hermano nunca se habría quitado la vida, mientras su madre estuviera aún viva. Jamás le habría causado ese daño. Definitivamente la opinión del forense Guzmán Barrio convertirá el suicidio en un caso de asesinato.
Caldas con su meticulosidad habitual se dispone a meterse dentro de los hechos hasta el fondo y, de camino, nos arrastra con él en la investigación y hacia el interior de los corazones de los protagonistas.
El inspector no está solo en sus pesquisas: dirige con mano firme un sólido equipo compuestos por Clara Barcia y Ferro; y por supuesto cuenta con la asistencia de su peculiar ayudante: Estévez, un aragonés que no acaba de entender a los gallegos.
Como si se tratara de ir abriendo las famosas matrioskas que van descubriendo nuevas muñecas más pequeñas dentro de las primeras, Leo Caldas va revelando nuevos casos detrás del asesinato de Justo Castelo, el Rubio. 
El imaginario gallego se revela detrás de los amuletos que llevaba el muerto encima. El fantasma del capitán Sousa había venido a desconcertar sus últimas semanas de vida.
Unos diez años atrás, en 1996,  el fallecido y dos jóvenes marineros del pueblo sufrieron un naufragio junto a este oficial, Sousa, que fue el único que desapareció. Es difícil indagar para Caldas cuando las bocas de los supervivientes están selladas por un miedo impenetrable.
En un periódico de esa fecha Caldas descubre la desaparición de una persona en la zona de la costa más próxima al hundimiento. Ahondando en las circunstancias conseguirá unir todos estos acontecimientos hasta dar con la respuesta definitiva al caso, en una trama fuertemente cohesionada. Como en un juego con los lectores, nos va dejando algunos sospechosos entre las páginas de la novela, antes de mostrar al verdadero culpable justo al final.
El envoltorio de La playa de los ahogados está hecho de la geografía física y gastronómica absolutamente reconocible del área de Vigo, con el mar como referente. Está hecha también de muchos ecos de autores de novela policiaca.  Aunque también está cubierta con una red de personas que constituye un nudo humano de peso: entre otros el padre de Caldas, que ha encontrado en la viticultura una salida a su desesperanza; Alba, la expareja del policía, de la que huye porque rechaza el compromiso, pero a la que está ligado de forma radical; y el propio Caldas, tan enigmático.  Calza en la novela unos zapatos que no son los apropiados para visitar las tierras de su padre, tampoco son los más adecuados para salir a navegar cuando lo invitan a dar un paseo en barco: no es un hombre ni de tierra ni de mar.
Asegura Domingo Villar que si la novela policiaca triunfa es porque da respuestas precisas, las necesitamos cuando estamos rodeados de incertidumbres.
Comparto esta idea.

sábado, 11 de enero de 2020

La nieta del señor Linh




Una sencilla fábula. Pero con esto no quiero infravalorar la breve novela de este autor francés, porque  lo más sencillo no siempre es lo más fácil.  Al contrario, en el caso de Philippe Claudel creo que ha sabido envolver en sencillez pedazos de humanidad: amistad, sin necesidad de palabras; desarraígo, físico y sentimental; soledad de los que pisan tierra desconocida; sentimiento de culpa.
            Es verdad que hay también una dosis algo elevada de sentimentalismo, que sobre todo al final pesa un poco. Pero es un libro que conmueve.
En la novela brilla la relación de dos hombres que desconocen el uno la lengua del otro. Se trata del señor Linh y del señor Bark. El señor Linh llega como refugiado de un país, que se supone asiático, hasta una tierra de acogida del primer mundo, donde vive el señor Bark. Se unen dos soledades en un banco frente a un parque. Uno se ha visto desterrado por una guerra que otros llevaron a su casa; el otro se duele de la pérdida de su mujer y va cada día a sentarse frente al carrusel donde ella trabajaba.
El señor Linh viajaba con una pequeña maleta amarrando lo poco que le quedaba de allí: algunas ropas viejas, un saquito con tierra y una fotografía desvaída. Y apretada contra su corazón, entre sus brazos trae a su nieta de pocas semanas. Los servicios sociales los alojan junto a unos compatriotas con los que solo comparten la lengua.  No hay solidaridad entre los desheredados. Para mí, esto constituye una de  las notas más dura del libro, construido en general en un tono amable. La novela se alza calada de esperanza, sin reflejar las posibles maldades que pudieran haber sufrido abuelo y nieta. No hay rencor en el señor Linh.
La acogida de los funcionarios en el nuevo país es buena, pero le falta alma. No son los tiempos dorados a los que se refería Don Quijote en su discurso a los cabreros, tiempos en los que no se conocían las palabras tuyo y mío. Alonso Quijano se sintió bien recibido por aquellos hombres que compartieron con él lo que tenían, sin preguntar.  Ahora muy probablemente ayudamos a otros países porque tenemos la mala conciencia de que en un pasado nos llevamos lo suyo y les dejamos sin nada. Parece ser el caso aquí.
Aunque hay diferencia, leyendo la novela saltan hasta nosotros las imágenes de otros emigrantes obligados a alejarse de sus raíces que no son bien acogidos en ningún lugar, son los modernos apestados. Pero también vuela nuestra cabeza hacia otros tiempos en los que fuimos emigrantes.
El señor Bark conoció el país del otro, fue allí en una acción de guerra: nunca ha podido perdonarse el dolor que dejó. También fue una víctima de los que pretendían el beneficio del conflicto.
Después de unas semanas, un destino definitivo le está reservado al señor Linh y a su nieta, es un asilo de ancianos aparcados. Está muy lejos del primer albergue, se trata de un nuevo destierro porque lo han separado del territorio que les pertenece a su amigo y a él. 


¿Qué va a ser de ellos entonces?

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    


domingo, 15 de diciembre de 2019

Las reputaciones



Una novela breve en la que su autor desafía nuestra conciencia con cuestiones a veces perturbadoras alrededor de la fama, volátil; los creadores de opinión, poderosos y en ocasiones irresponsables; los recuerdos, formas inconstantes, montón de espejos rotos, como escribía Borges.
Su autor, Juan Gabriel Vásquez, aseguraba en El País que la poética de las novelas cortas de Henry James fue la que más le marcó. Destacaba, además, la "fanática defensa de la ambigüedad” del autor estadounidense.

¿Qué sucedió en aquel día de julio 1982? No esperemos una respuesta clara en la novela. El texto siembra la duda, y de ella surge nuestras reflexiones.
“Visto desde ahora me parece un error”. Esto podría haberlo pensado Javier Mallarino, el protagonista, cuando, 28 años después de ese julio, Samanta Leal le visita y le obliga a hurgar en sus recuerdos. No se puede hacer nada para cambiar lo que ya sucedió, pero sí se puede cambiar nuestro hoy. El pasado resquebrajará el presente, dulce, de este ilustre caricaturista colombiano, algo escéptico, con el país a sus pies. Son ya 40 años de oficio, 40 años de influencia total sobre la trama colectiva del país sudamericano. Una autoridad moral para la mitad del país, el enemigo público número uno para la otra mitad, y para todos un hombre capaz de causar la revocación de una ley, trastornar el fallo de un magistrado, tumbar a un alcalde o amenazar gravemente la estabilidad de un ministerio, (…).Y sin embargo en la calle no era nadie. No era nadie porque sus dibujos no llevaban su foto al lado.  Juan Gabriel Vásquez retrata la fuerza de la imagen para crear fama, tan mudable e inconstante, tan perseguida y tan ansiada; de la que a veces se huye, porque se puede convertir en trampa mortal.

La víspera de la presencia de Samanta Leal en casa de  Mallarino,  él ha recibido un homenaje institucional en un teatro de la capital, la mujer acude al evento entre los miles de agradecidos admiradores. En las imágenes que se proyectan de la residencia del dibujante, ella reconoce algo, tiene la certeza, con un trazo muy desdibujado, de que ha estado allí. Y hasta allí va a acudir para saber. Mallarino con sus evocaciones de aquella jornada le fabricará unos recuerdos, que removerá su vida. A todos nos han creado memorias con relatos, por ejemplo de familiares que apenas conocimos. Qué rara es la memoria: nos permite recordar lo que no hemos vivido, se lee en las primeras páginas,  cuando el protagonista evoca a otro gran caricaturista, desaparecido tiempo atrás, que ya no existe para nadie. ¿Nos estará hablando de lo que podría sucederle a él?
            La novela parte del presente, el momento del homenaje, y se adentra después en el pasado del protagonista. Dos mujeres nos llevan a esos momentos pretéritos: Samanta, como ya he mencionado, y  Magdalena. Esta es su exmujer, que al principio de su relación le guio en el camino complicado de vivir. Hoy ella ha encontrado su propio camino y no quiere compartirlo con él. También va a encontrarlo Mallarino, no tengo seguridad, solo una intuición.

            El contenido de Las reputaciones se va tamizando en cada lector. Tras su lectura las dudas de Mallarino se convierten en nuestras dudas y las preguntas sin respuestas siguen removiendo muchos sentimientos en nosotros.

jueves, 28 de noviembre de 2019

La violencia justa


En la formulación del título, La violencia justa, descubrimos cierta paradoja.
¿Puede ser justa la violencia? No, por supuesto que no. La respuesta se te cae de la boca. Pero, ahora piensa que has sido tú el agraviado. Se me ocurren numerosas injusticias que podrían exigir expiación. Tienes en tu mano la posibilidad de “hacer justicia” (o sea de vengarte), ¿cuál sería tu respuesta entonces?
Esta novela te inquieta porque las preguntas que arrastra y las respuestas que te genera se mueven en el terreno, resbaladizo, de lo moral e inmoral.
     Andreu Martín te hace  empatizar con el violento expolicía Alexis Rodón,  porque cuando reacciona con furia, lo hace contra el secuestrador de una pequeña, o contra unos traficantes de niños: crímenes más que despreciables.
Y entonces, surge otra pregunta: ¿se pueden transgredir las normas para ganar en el terreno de los malos? También aquí la respuesta negativa parece estar clara. Sin embargo brota de nuevo la duda: me alegro del triunfo del bien sobre el mal aunque conlleve dureza, sobre todo cuando los muertos son en el papel y están hechos de palabras. Los buenos y los malos, ¿están siempre claras las diferencias entre unos y otros?
El autor sale en defensa de la policía, contándolo todo, lo mejor y lo peor, pues  hay agentes buenos y malos, regulares y nefastos. Considera que el 80% de su actividad es de ayuda social y no de castigo. Se admite la actitud de Rosón porque está fuera de la disciplina policial, ya que fue expulsado del cuerpo, con equidad, pero quizás sin considerar todas las circunstancias.
La trama se divide en capítulos narrados en primera persona, unos por Alexis Rodón y otros por Teresa Olivella, presentados alternativamente. Dos acciones que terminan cruzándose. Solo hay un capítulo al final que rompe con esta tendencia, es el que se identifica como “El operativo”. En él el autor utiliza una técnica narrativa cinematográfica, incluye entre los personajes a una policía estrella que lo sigue todo desde un helicóptero: hoy ha venido sin sus tacones de aguja. El ritmo es excepcional, Andreu Martín es un maestro narrando. Dosifica, entrega los hechos de forma creíble.
Teresa busca a Alexis para, se sospecha pronto, una venganza. Aquí surgen los ecos del cine negro más clásico: Perdición de Billy Wilder, con guion del propio director junto a Raymond Chandler, que adaptan una novela de James M. Cain. Rodón se constituye en el caballero andante que ayuda a las damas en peligro, sin importarle los métodos.
Hay dos tipos de venganza en el libro: la de un criminal que quiere desagraviar a su amigo y la de una mujer que quiere hacer pagar los maltratos de su marido. ¿Hay diferencia? En este mundo se mezcla gente muy distinta, pero ¿son tan distintos sus sentimientos?
Hay sexo, quizás demasiado. Puede que sea una faceta más de lo salvaje del mundo que se refleja aquí.

“Mi planteamiento es que no hay respuestas fáciles ni sencillas ante situaciones complicadas", asegura Andreu Martín. 

domingo, 3 de noviembre de 2019

No cerramos en agosto


NO CERRAMOS EN AGOSTO
Eduard Palomares
Una novela negra en una Barcelona de luz  y sombras.
¿Por qué atrae tanto la novela negra? Quizás sea por la misma razón que la novela realista del XIX embelesaba a su público: la atracción por lo que se sitúa lejos de nuestra vida cotidiana, aunque está ahí, muy cerca de nuestra tranquilidad. Podría ser un caso de voyerismo, o quizás de simple curiosidad.
La novela negra, que crece y se reinventa, retrata un espacio, un estado de cosas;  imita aquel espejo de Stendhal que se paseaba por los caminos recogiendo el reflejo de la vida. Esa era la metáfora con la que el autor francés describía la novela realista. En el caso de No cerramos en agosto los delitos están estrechamente ligados a la Barcelona actual más turbia: la de la gentrificación, la precariedad laboral, los sombríos negocios inmobiliarios o el turismo tóxico. Pero para Eduard Palomares es también la Barcelona más tradicional, la de los bares más clásicos (aparecen muchos), esos del camarero amigo, donde los clientes ven pasar la vida.
De tono amable, hasta tierno; con frecuencia te despierta una sonrisa, aunque también, la cólera ante la codicia y la ambición. Me he encontrado la ironía, a veces algo manoseada: “Suerte que el ayuntamiento ha encendido ya las luces de Navidad para llenarnos a todos de buenos sentimientos.” Este libro se identifica como una novela negra bastante clara.
Jordi Viassolo, el protagonista, empieza su carrera detectivesca. Es un pardillo que se va a apoyar en el curtido Recasens, el del colmillo retorcido. Colaboran con los mossos en la persecución del crimen (una situación ideal, aunque quizás no sea lo frecuente). Se distingue bien a los más mayores de ambos cuerpos como más experimentados, más cultos; frente a los jóvenes que aún se muestran bisoños y con menos conocimientos. Quizás sea una cuestión de la educación recibida, una más tradicional y otra más moderna; con las peculiaridades de cada una.
El autor rinde homenaje a los grandes autores del tema policiaco,  a Vázquez Montalbán, el primero. Sin embargo se ha alejado con su Viassolo del estereotipo de investigador más clásico. A su detective no le falta deseo de hacer bien las cosas, aunque le falta empuje, pero ahí está Layla para tirar de él. Entre los dos hay unos sentimientos, congelados, que solo necesitan una pequeña candela para ser una hoguera.
Una Barcelona infestada de turistas y asfixiada por la especulación y la precariedad laboral. Leo en un artículo de Laura Fernández en El País. En contraposición escribe Eduard Palomares al final de la novela, cuando ya ha solucionado el caso: “Así es Barcelona, te pone las cosas difíciles pero luego te regala una agradable madrugada en pleno diciembre.”



jueves, 24 de octubre de 2019

Pequeño país



PEQUEÑO PAÍS. Salamandra 2018
Gaël Faye
¿Los Hutus?, ¿los Tutsis?; apenas un lejano recuerdo de aquellos terribles enfrentamientos que nos sobrecogieron a todos en 1994 en Ruanda (11.000 muertos al día, 470 a la hora). Pequeño país me los ha acercado desde la mirada de un niño, Gabi, que los vivió de cerca. El protagonista nació en Burundi y allí vivió su infancia. Una niñez demasiado parecida a la de muchos de nosotros, a pesar de las distancias.
Gabi es en cierta manera el alter ego del autor de la novela, el cantante de rap francés Gaël Faye, hijo como aquel de francés y ruandesa, nacido también en Burundi.
Gabi huyó de la guerra que veía aproximarse en su país natal tras el conflicto de Ruanda. Ya ha sobrepasado la treintena y ahora vive en Francia. Una duda y una obsesión: volver a su lugar de nacimiento. Algo le llama desde allí porque no sabe bien de dónde es; ha crecido entre dos mundos.
Gabi nos transporta con palabras a su primera adolescencia en Buyumbura: la escuela, como aquí; los amigos, como aquí; la familia, como aquí; la guerra, tan distinta. En una ocasión, con su padre, hablaban sobre las causas de los enfrentamientos entre Hutus y Tutsis. No era una cuestión de territorios, ni de lengua, ni de religión; era por –aseguraba el padre- el tamaño de la nariz, los unos tenían una nariz ganchuda y los otros chata.
El mestizaje del autor legitima su discurso: “Mi mestizaje fue un motivo de desarraigo durante mucho tiempo. Ahora intento convertirlo en una riqueza”, asegura Faye, que se muestra contenido en su relato, no cae en la desmesura o el barroquismo: toma prestados los ojos del niño.
Hay una literatura que nos zarandea, que nos interpela y descubre realidades que a veces pueden resultar lejanas en el espacio, pero que están ahí, vividas por personas como nosotros, aunque con fisonomías diferentes.
Gabi recurría a los libros para escapar a todo aquel horror. Así se lo había enseñado su vecina, dueña de esa enorme biblioteca que Gabi devoraba día tras día, cuando la situación no le permitía salir a la calle, a su calle.
-       ¿Ha leído usted todos estos libros? Le pregunté.
-       Sí. Algunos varias veces, incluso. Son los grandes amores de mi vida. Me hacen reír, llorar, dudar, pensar. Me permiten volar. Me han cambiado, han hecho de mí otra persona.
-       ¿Un libro puede cambiarnos?
-       Por supuesto, ¡un libro puede cambiarte! E incluso puede cambiar tu vida. Como el rayo. Y no se sabe dónde tendrá lugar el encuentro.

sábado, 12 de octubre de 2019

Pelea de gallos


2018
María Fernanda Ampuero. Ecuador. 1976
La literatura es mi vehículo para gritar, aseguraba la autora en la prensa recientemente.

En Pelea de gallos María Fernanda Ampuero nos lanza a la cara una realidad que duele, y ante la que el lector no se va a quedar indiferente. La autora busca que nos despertemos, que reaccionemos ante el abuso de poder, el abuso de fuerza, la hipocresía social, el clasismo, la superchería, el machismo, el desprecio del diferente…

Ha dado voz a los que casi nunca tienen voz. Ha rebuscado entre los escombros vivenciales que tenemos más cerca. Y ha encontrado muchos pedazos de almas.

La autora ecuatoriana descubre detrás de un mundo de luz las sombras más negras. Al leer comprendemos que hay que abrir puertas y ventanas para que entre el aire y se lleve las miasmas.

“Uno ve gente  y no sabe lo que ha pasado detrás de la puerta de su casa.” Leemos en uno de los cuentos.

Una escritura certera, donde nada sobra, donde sentimos la fuerza de esta mujer reivindicativa.

13 cuentos.
¿Hasta dónde tiene que llegar una mujer para impedir que la vendan a unos depredadores sexuales?
¿Qué brazos cobijarán a esas niñas que nunca tienen a sus padres con ellas, él porque trabaja, ella porque se pasa el día fuera jugando naipes?
Debajo de una tarta de cumpleaños con la cara de Mickey se puede esconder todo el dolor de un alma herida  y toda la hipocresía de un vecindario.
Un pobre monstruo abrasado por el napalm y una pobre niña abrasada por un amor a otra niña.
¿Cómo puede la familia preocuparse tanto del alimento físico y tan poco del espiritual?
Se cierra la persiana, hay que ocultar a los niños que buscan el amor donde pueden, porque no lo encuentran en donde debe estar.
¿Puede la superstición acallar pobres conciencias?
Una mujer despreciada, tratada como un perro, por un embaucador de conciencias.
“Nos quedamos solas, hermana mía, más que solas: sin un hombre en casa, y tendríamos que estar tiritando como cachorros de perra muerta”. Pero lo mejor es que no lo están, por primera vez dirigen sus vidas.
Ali murió dos veces: la primera fue lenta, mientras su padre abusaba cruelmente de ella.
El chismorreo: “(…) no hablar de los demás significa tener que hablar de una misma(…)”.
¿Hasta dónde puede llevarte la soledad en un paraíso?
Y…

Un grito de SE ACABÓ  en el último cuento. Un grito de esperanza.




viernes, 27 de septiembre de 2019

Los millones


Los millones
Santiago Lorenzo

¿Puede alguien compadecerse de un terrorista del GRAPO? Sí, si es como Francisco García, protagonista de la novela, que ingresó en la organización sin darse cuenta, siguiendo al responsable de un grupo de montañismo al que pertenecía desde la infancia. Sí, si, como Francisco García, no hubiera cometido ningún delito. Sí, si, como Francisco García, recibiera las consignas de la organización con tres chicles pegados debajo de la barra de un  bar cutre de barrio; y en caso de no encontrarlos, nada querrían de él por el momento. Entonces podía encaminarse a la destartalada nave donde trabajaba, cosiendo, en soledad, falsas etiquetas de Benetton sobre camisetas falsificadas.

El humor puede teñir los temas más duros, las problemáticas más complejas. E ironía y humor recorren este libro. Pero también se ve atravesado por la nostalgia. Estamos en 1986, entonces, el autor, Santiago Lorenzo, era un joven seguramente ilusionado por las perspectivas nuevas que había abierto la Transición, y decepcionado también por los tintes desesperanzados que inundaban los finales ochentas: todo había sido un espejismo. No sé si él sentía esto, muchos sí lo sintieron.

Con una sonrisa recuerda, y recordamos, aquellos tiempos. Ya en las primeras páginas aparecen el Casio del plástico, la formica, los primeros bocadillos envueltos en papel Albal, el video Betamax…

Ha creado un personaje que resulta entrañable (lo volverá hacer más tarde en otra novela), uno de tantos, que más que vivir por sí mismo se deja vivir por las circunstancias que le van tocando padecer, otro más de los …QUE DE LEJOS PARECEN MOSCAS.

Había adecentado la casa que le habían asignado: alivió la mugre con aguarrás industrial encontrado entre desechos, convirtió unas bolsas de basura de comunidad en cortinas para la bañera y un bote de suavizante agujereado en mango de ducha… Se convirtió en el Robinson Crusoe del barrio de La Ventilla. Su dieta no hubiera obtenido el plácet del  nutricionista más permisivo. Aprovecha Santiago Lorenzo el apartado para arremeter con ironía contra tanto “afán por la vida exquisita” que surgía y asqueaba en esos ochenta.

El libro comienza en 1988, Francisco García está en la cárcel de Palencia. Disfruta de los nuevos programas de reinserción, tan frecuentes durante aquel momento político. La muestra se encuentra en el cáustico título de una exposición realizada con obras de los reclusos: En-Cárcel-Arte 88.  E intuyo hartazgo y rabia en el autor al narrar estos episodios, cuando está cerca de los cincuenta y ve todo aquello como un mal sueño.

La escritura de Santiago Lorenzo me recuerda a los grafitis de ácido que manchan las ventanas del metro, aquí sembrados de un ingenio que en él parece natural.

Cuando terminaba su trabajo, Francisco cogía el autobús y se dirigía al centro, siempre alerta a posibles persecuciones. Sospechó en una ocasión de “un patillas con pinta de chivato” y corrió a refugiarse en una administración de lotería, allí se vio obligado a comprar un boleto de la nueva Primitiva, entonces en promoción. Ahora se cruza en la trama del libro un nuevo personaje, Primitiva García (no deja de ser significativo el nombre elegido), tan infeliz como Francisco García. El destino los une cuando ella, periodista de segunda regional, busca al agraciado con el premio de la primitiva, que es Francisco.

Suma de dinero que no puede cobrar porque ¡un clandestino no se puede identificar!

viernes, 20 de septiembre de 2019

...Que de lejos parecen moscas


…Que de lejos parecen moscas
 Kike Ferrari
  


Esto es una novela negra; aunque escaseen las características más representativas del género. Nos encontramos con un cadáver, sí; pero su descubrimiento no inicia ninguna investigación; a nadie parece importarle este cuerpo. Es como si el argentino Ferrari quisiera mostrar un país insensibilizado hacia la muerte después de la dictadura. La única policía que aparece no investiga, se lucra con deshonestidad. Sin embargo tiene un tinte negro, pues se mueve en las aguas muy oscuras de la corrupción, del engaño, de la falsedad, de la traición y de la vulgaridad.

El protagonista, el señor Machi, aparece como un individuo sin escrúpulos, que nunca dudó en aniquilar a cualquiera que obstruyese su camino. El régimen totalitario se nutrió de estos tipos amorales, que convirtieron en víctimas a muchos de sus conciudadanos. Estos son los que de lejos parecen moscas, aunque en el libro a lo que alude el curioso título es a los pedacitos que quedan de una lapicera cuando un camión la aplasta.

El señor Machi tras una de sus habituales noches de sexo y drogas se dispone a volver al hogar familiar en el coche de ofensiva opulencia que posee. Solo unos pocos kilómetros y sufre un pinchazo. Al abrir el maletero descubre un cadáver, está sujeto al propio vehículo con unas esposas de peluche rosas que el señor Machi usa en sus juegos amorosos. Allí comienza su calvario cuando inicia una carrera angustiosa y sofocante para deshacerse de ese muerto molesto.

                Ese cadáver va a arrastrar al protagonista al infierno de la duda. ¿Quién pudo ponerlo allí, y de aquella manera? Muchos han podido hacerlo, porque muchos son los que tienen motivo para odiar a Machi. Van cayendo sobre él pesados como losas. Ferrari los va insertando en la obra con un estilo muy personal, en el que obliga al lector, colaborador activo, a indagar y a reconstruir la historia de este arribista infame.

            Se reconoce en este texto un eco de aquel el infierno son los otros de Jean Paul Sartre: la literatura no pertenece a una época o a un autor, es como una corriente subterránea que brota y vuelve a brotar.

Nos encontramos una escritura sin adorno, las palabras son certeras, como los puñales que arroja el artista para dibujar la silueta de un cuerpo en un espectáculo de circo, con anticipaciones que consiguen mantener un alto grado de tensión narrativa.

Lo peor está por llegar: el autor consigue que el ahogo y angustia se apoderen del que lee.
                                                                                     

lunes, 2 de septiembre de 2019

Tuya

TUYA
Claudia Piñeiro

Al comienzo del libro, Inés Pereyra descubre que su marido tiene una amante, y a partir de ahí nosotros comenzamos a descubrir a Inés Pereyra. Una mujer que ha actuado en su vida como otros querían, una mujer que no ha buscado un camino propio, una mujer que recuerda a muchas mujeres de otros lugares y de otras épocas.

Humor e ironía gobiernan estas páginas, sin quitar profundidad a los sensibles temas que toca.

Inés Pereyra se presenta como un ama de casa modélica, se muestra feliz, aunque sea sentada sobre una gran mentira; por su interés sabe cerrar los ojos a lo evidente. Hizo una buena boda cuando, aconsejada por su madre, forzó el embarazo para asegurar la caza del marido.

Vive con una hija, que la infravalora, y con un marido, que la engaña. Pero todo va bien. Aunque estallará una tormenta, y ahí veremos de qué es capaz. Los personajes literarios, igual que las personas,  se muestran con perfiles más claros al ser confrontados a una situación extrema. Y ahí crece esta novela, en torno a esta familia en la que no hay comunicación, pero en la que todos saben todo, o casi todo, de todos.

El líquido en el que crece el relato es una novela negra; peculiar, y más atractiva, por distinta. Hay un cadáver, pero no hay un caso policial de los habituales. La intriga y la búsqueda de la verdad se adueñan del relato. Aparecen unos culpables, pero aparece más la idea de culpa. Lo más negro de esta novela está en los personajes, que no son claros porque ocultan lo que sienten. Es como si caminaran por un túnel oscuro, siguiendo itinerarios marcados. Solo Lali se atreverá a romper lazos.
Claudia Piñeiro aseguraba en Babelia que la novela negra nació para denunciar las injusticias, y como ella es una mujer comprometida,  eso está en su novela.

Enric González dice que los finales de esta autora son astutos e inesperados. Aquí se cumple.