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viernes, 15 de enero de 2021

Rewind


                                                                                2020

 

 […] y me dirigí al lavabo del fondo, el pequeño. Esa es la irrisoria y única razón por la que ahora estoy vivo: mis ganas de hacer pis.

Cuando leí esto en la segunda página de Rewind sentí un extraño vértigo, porque siempre me ha cautivado la idea de que una decisión aparentemente insignificante, como esta que se plasma en el libro, pueda hacerse determinante para la vida de una persona. La realidad muchas veces no te deja comprobar la fragilidad de la existencia; sin embargo, la literatura sí te permite husmear, desmenuzar, examinar un camino vital como si estuviéramos en un laboratorio.

Juan Tallón, el autor, hurga y nos hace hurgar en el equilibrio inestable en el que se organiza una vida, que en unas décimas de segundo puede desbaratarse, porque se halla siempre cosida con un hilo finísimo, que en cualquier momento puede quebrarse.

Dividida en seis partes, Rewind va exhibiendo las atroces consecuencias de la explosión en un piso de la rue Romarin de Lyon. Allí vivían cuatro estudiantes de distintas nacionalidades europeas.

En la primera parte  Paul, uno de los inquilinos, nos narra su experiencia en el momento de la explosión, cuando el azar lo colocó alejado del epicentro del infortunio.

Meé y entonces ya no tuve ocasión de nada más. Me cuesta recordar con precisión ese instante, cuando todo se desintegró y se volvió irreal.

El testimonio de Paul inocula desazón en el lector, nos hace conscientes de nuestra vulnerabilidad. Qué bien queda plasmada en el texto la atmósfera irreal de ese momento: el silencio lastimoso, la honda oscuridad y la noción de tiempo rota.

La novela podría haber sido el relato de un instante, un instante cegador, como cuando te deslumbran con una potente luz y tienes que esperar minutos hasta recolocar el escenario que tienes enfrente.

Pero Tallón ha querido ir más allá, ha querido mostrar todo lo que las familias y amigos de los jóvenes han padecido. Cuando, no hacía falta, te lo puedes imaginar aunque no lo hayas sufrido o no lo hayas visto soportar a otros.

En los siguientes fragmentos, pues, Tallón descubre las revelaciones del padre de Emma, otra de las ocupantes de la casa; de la quiosquera amiga de los jóvenes; de Gianna, hermana de Luca, el estudiante italiano; de Violette, la médica que acudió la primera al siniestro. Y termina la serie con una nueva intervención de Paul, del otro Paul, el que había surgido tras la catástrofe.

Cada una de esas manifestaciones son muestras de la pérdida, del desamparo y de la devastación que la explosión ha sembrado en víctimas y allegados. Todo bastante previsible, en alguna ocasión pueden incluso resultar excesivo.

Precisamente la previsibilidad resta fuerza a ese primer impacto que produce un hecho tan brutal y tan injusto.

Yo me quedaría con el primero y con el último con Paul como protagonista.

Es llamativo cómo, en aquellos instantes, tan dramáticos, no me pregunté ni durante un segundo qué había pasado. Ni se me ocurrió.

Tras esta confesión del muchacho, me doy cuenta que a mí tampoco se me había ocurrido pensar qué o quién había causado aquello. Sin embargo Tallón se ha empeñado en hacerlo. Entonces, sobre las páginas de esta novela proyecta un segundo relato, el del terrorismo islámico, que se yergue como responsable. Podría haber prescindido de esos retazos narrativos que van dibujando la autoría porque restan intensidad a Rewind.

Lo entero se convirtió en roto, lo grande en minúsculo, lo pequeño en inexistente, lo importante en pérdida, los recuerdos en polvo, el futuro en pasado.

El relato podría haberse quedado ahí, en esa espiral que se tragó a Paul, que lo regurgitó más tarde como alguien distinto.

Tallón ha acumulado eventos, y con eso ha quitado fuerza al impacto, a la conmoción del hecho primero, tan demoledor.

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